miércoles, 5 de abril de 2017

Construcción de paz y conflictividad: tomárselo personal



Resultado de imagen para pelea de animales con cuernos“No entiendo cómo trabajás construcción de paz y sos tan conflictivo” me dijo la colega percibiendo un todo de desquite tras señalar un desacuerdo de mi parte. “Es que vos crees erróneamente que los conflictos se oponen a la paz. Más bien, los conflictos son el vehículo para la construcción de paz” fue mi respuesta. Repetidamente me lo dicen, porque repetidamente suelo expresar mi desacuerdo sobre las cosas o un punto de vista distinto sobre las cosas. Más todavía se asusta la gente cuando uno contradice la “autoridad” o al “jefe”. No es que prive aquello de que “el que sabe, sabe y el que no, es jefe” (la primera vez que vi esto fue en un rótulo que Amando López SJ tenía en su cubículo), pero mucha gente está acostumbrada a colocar ofrecer su nuca antes que contradecir y enfrentar al jefe.
Ya en otra parte hice la reflexión a propósito de un pasaje en el evangelio de Mateo 10,34. Atendiendo el texto griego, la palabra Μαχαιρα [majaira], es decir, “espada” bien puede traducir por conflicto y así leer “no he venido a traer la paz, sino el conflicto” en vez de “no he venido a traer la paz, sino la espada”. Siempre ha sido complicado explicar por qué Jesús dice que trae la espada; pero sí pensamos en el conflicto como expresión de un desacuerdo, pués es mucho más sencillo comprender el texto. Los conflictos no son más que desacuerdos entre dos partes basadas en una diferencia. Es connatural a la diversidad. Convivimos con los conflictos. Ahora bien, los conflictos pueden convertirse en verdaderas complicaciones hasta involucrar la violencia, pero eso depende de la dinámica del poder en el ejercicio de las partes, no del conflicto en sí.
Quiero fijarme en un detalle importante en las relaciones a propósito del conflicto que me parece que en el caso de El Salvador es un elemento crucial. No estamos acostumbrados a expresar el descuerdo. Nos parece descortés, impropio y mala onda expresar el desacuerdo y tendemos a tomarlo como “personal” provocando que alguna gente se sienta emocionalmente comprometida y responde visceralmente. Se expresa como “¡Dios mio! Me dijo que no!” con acento en el “me”… “Me ha dicho que no está de acuerdo” y la persona lo toma como una afrenta personal y un ataque contra sí mismo, en vez de asumir que se está expresando una diferencia que puede y debe ser trabajada. Al tomárselo personal intervienen más fuertemente las emociones que bloquean la comunicación y el entendimiento del problema.
Pues este es un problema recurrente en El Salvador. En las reuniones de trabajo nadie suele osar contradecir al jefe, pero si está equivocado, ¿no valdría la pena? ¿no lo agradecería incluso? Quizá, se dice, pero la gente no está dispuesta a arriesgarse. Preferimos guardar silencio o mantener una sonrisita de aparente inocencia y al finalizar la reunión comentamos por aparte, muchas veces facilitando las intrigas y expresando el desacuerdo (hablar “de” pero no “con”). Es parte de la cultura laboral, organizacional y familiar… décadas de sometimiento y una estructura de clase rígida hace ver a la persona que expresa el desacuerdo como revoltoso, subversivo cuando no resentido y complicado… una persona conflictiva.
Expresar el desacuerdo es sano pero prevalece todavía la noción y la experiencia que el conflicto es un terremoto, un “desvergue” para utilizar un término técnico del habla  salvadoreña. Si el prefijo “des” anuncia la pérdida o la ausencia (como en desmembramiento o desmadre, término muy salvadoreño para referirse al conflicto) entonces nadie quiere verse privado, en una cultura tan machista como la salvadoreña, de tal ´órgano emblemático.
Pasa por otros canales y sensiblización entender que ser conflictivo es perfectamente compatible con la construcción de paz, no su contrario. 

Contribución de Luis Monterrosa (lmonterrosa@uca.edu.sv)

Brújula Electoral


miércoles, 8 de marzo de 2017

Gustavito el hipopótamo y la violencia en El Salvador

Resultado de imagen para hipopotamo humanoHay que decir en primer lugar que es absolutamente lamentable la muerte del mamífero. Pienso en las veces que visité aquel lugar y en la cantidad de curiosas y curiosos que convocaba. O sea, era parte del escaso entretenimiento cultural que existe para las clases populares. De acuerdo: aquellos animales no están en las mejores condiciones, pero ¿qué sentido tendría privatizarlo para que se cobre diez, quince o veinte dólares la entrada como sucede con la flamante competencia privada? Pero no es éste el punto que me interesa discutir. Sólo intentaba señalar el significado del animal para las clases populares.
Quiero hacer más bien unas reflexiones más de fondo alrededor de la violencia en nuestro país a propósito del caso. Son tres cosas: primero, el estridente reclamo que se hace por la vida del hipopótamo Gustavito mientras al parecer callamos lo que pasa con la vida de los y las demás. Segundo, si nos fijamos bien, Gustavito es símbolo del hacinamiento mal cuidado que los privados de libertad tiene, pero otra vez: nos preocupa Gustavito y no los 30 mil en penales. Tercero, me sorprende la historia que se construye alrededor del caso: al parecer necesitamos recurrir al terror para explicarlo.
Primero, ¡qué bien que hagamos el reclamo por la pérdida siniestrada de cualquier vida! Personas comunes, en radio, tv, redes sociales, organizaciones, etc. han expresado su pesar por la pérdida. Pero nos olvidamos que nos estamos matando unos a otros y ahí pareciera a veces que lo consideramos normal. Como he comentado algunas veces, a mi me ha sorprendido siempre personas con buena formación e incluso cultura cristiana que propone como solución juntar a todos los enemigos (políticos, pandilleriles, etc.) en un lugar y prenderles fuego. Y no lo dicen en broma. Pero luego se rasgan las vestiduras por Gustavito. Repito: me parece genial preocuparnos por todo ser viviente, pero algo no está bien cuando nos preocupa más el maltrato animal que el maltrato humano.
Segundo, precisamente como maltrato humano, probablemente no hay  peores condiciones de vida que los privados de libertad en los Centros Penales. Raya con la tortura. En ese sentido, Gustavito puede ser un símbolo. El discurso contra la existencia del zoológico presenta razones también por las que deberíamos modificar nuestra idea del encierro como medida de corrección. Como se ha expresado en el caso de los animales en el zoológico, no están bien cuidados, ni alimentados, hay problemas de hacinamiento y de salud, son maltratados además de haber sido arrancados de su propio hábitat e incluso de su familia (la familia de Gustavito está en Guatemala). Si no queremos eso para los animales, tampoco deberíamos quererlo para nosotros mismos seres humanos. Pero curiosamente ahí se nos olvida lo que somos y creemos que entre más castigamos y más duele, mejor.
Tercero, ya las dos primeras consideraciones deberían ser suficientes reflexiones para darnos qué pensar. Pero  me llamó así mismo la atención de toda la trama criminalística que se construyó alrededor del “asesinato de Gustavito” como dijo alguien por ahí. Esto confirma la necesidad que tenemos de construirnos enemigos y orquestar la realidad alrededor del miedo… O quizá es el imperioso deber que algunos se toman en sus manos incluyendo políticos, medios de comunicación y organizaciones… ¿Cuál es la verdad del caso Gustavito? Sin duda, puede llegar a saberse.  Pero, de las versiones disponibles ¿cuál es la que más se aproxima a la verdad? El principio de la “Navaja de Ockham” nos es pertinente aquí.
El principio dice “las explicaciones nunca deben multiplicar las causas sin necesidad” es decir que la pluralidad no debe postularse sin necesidad (“pluritas non est ponenda sine necessitate”).  Por tanto, la explicación más sencilla es la que probablemente se acerque más a la verdad (este es uno de los argumento contra la multicausalidad de la violencia frente a explicaciones sencillas y poderosas). Pensar que un grupo de ¿pandilleros?, burlaron la vigilancia (¿), atacaron al hipopótamo (¿ha visto usted el tamaño y fuerza de del animal?) e incluso le punzaron con un picahielo (¡la piel es gruesísima!) es realmente poco creíble y es más simple la teoría que dice que el animal se enfermó, se golpeó y murió. Pero durante días y semanas (y quizá todavía) seguimos creyendo en la teoría de los pandilleros atacantes de picahielo. Quizá porque esta historia nos permite esconder otras cosas (negligencia por ejemplo), pero sobre todo porque ensalza el terror. Esta es mi preocupación de fondo: preferimos inventarnos historias de terror y de criminal minds antes que conceder explicaciones más sencillas (más no simples) de la violencia (exclusión, humillación) pero que tienen el inconveniente de ser explicaciones subversivas.

Contribución de Patricio Schweinsteiger Solis (p.schweinsteiger.solis@gmail.com)

lunes, 20 de febrero de 2017

Andión, el diálogo y nosotros

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Hombre sin cabeza. Arte urbano (Valencia)
Este viernes 17 de febrero ha aparecido en un periódico local una entrevista realizada a Benito Andión. Llama la atención poderosamente algunas frases como para poner el grito en el cielo… luego uno se da cuenta del tipo de proceso que se plantea y pués sí, es otra cosa. Un poco menos de lo que puede esperarse  cuando escucha la palabra “diálogo” y “proceso”; un poquito más del significado político – institucional que en realidad tiene.
En primer lugar, llama la atención el tajante “no podemos incorporar en el diálogo a (pandillas)”. Es como la entrevistadora, Beatriz Benítez, titula la entrevista. Ya se sabe que es una posición de gobierno, si bien se sabe que algunos sectores políticos abrieron la puerta hace tiempo aunque con mano manipuladora al parecer. Como partidario, por principio de cultura de paz, del diálogo para resolver los conflictos, a mii me parece que no puede decirse esto de entrada. Otra cosa es si hay condiciones para el diálogo (en realidad creo que no hay condiciones para ello), si contamos con la metodología adecuada (nacional, territorial, inclusión, terciado, directo, etc.) si es pertinente o no… pero creo que no se puede de entrada decir “no podemos”. ¿”No podemos” quiénes? Otra cosa es decir “no queremos” o “ no quieren” (porque hay sectores que no quiere, por prejuicio o por ventaja o hipocresía política) o incluso por atadura político-diplomática: dependemos de la voluntad gubernamental porque somos invitados y entonces hay cosas que no podemos. Pero ¿entonces está atado desde un inicio el proceso de diálogo? Si es diálogo habría de ser abierto… y no estoy pensando sólo en el sector y problema pandillas, si no me muchos otros… luego será fácil decir “no podemos incorporar a tal sector al diálogo”. Ningún diálogo puede tener esta posición como punto de partida.
Segundo, el subtítulo es infame a estas alturas de la historia: “no se negocia con quien esté fuera de la ley”. Aquí no estoy seguro si son palabras de Andión o de la entrevistadora. Pero el contexto y texto de la entrevista da con el pretexto de las palabras como para poder afirmarlas. Eso no se puede decir. Bueno, era lo que se decía en principio cuando se hablaba de diálogo con el FMLN en el contexto de la guerra civil. Ya algo deberíamos haber aprendido de la legalidad… otra cosa muy distinta es si podemos o no dialogar sobre la base de crímenes cometidos. Esa es otra historia, pero no me diga ahora que para poder dialogar necesitamos tener representación jurídica…  Bajo este contexto, ¿puedo sentarme a dialogar con quien se niega a cumplir la ley? Piense en Gandhi y la Marcha de Sal.
Tercero, dice que este proceso que comienza es de diálogo, no de negociación  porque aquí “no hay conflicto, aquí hay una confrontación de intereses…” y bueno, se negocia donde hay conflictos… y como aquí no hay, pos no es negociación, sino diálogo. ¡Madre y Diosa de la conflictividad! ¡Ha descabezado en dos líneas toda la teoría formal e informal de la conflictividad, de transformación de conflictos y de peacebuilding!!!! En diversos momentos hemos acotado lo del diálogo, lo de la negociación, etc., y por tanto, no vamos a repetir lo aquí. Lo que sí es grave es decir que aquí no hay conflicto. No sé de dónde viene o donde lo alojan o que información le dan… pero decir que aquí no hay conflicto es una barbaridad… mucho más pensar que “confrontación de intereses” no es en sí, sino una forma de conflictividad.  Sólo con tomar el plano político entendemos que vivimos en una polarización de primera clase…
Cuarto, las pandillas no es un fenómeno coyuntural… a menos que para el señor Andión  el  criterio temporal para lo coyuntural sea el término de los veinte años. El “fenómeno” de las pandillas es un asunto estructural en la medida que está vinculado a la estructura económico - social resultado de las tranformaciones de los años noventa cuando el modelo neoliberal determinó una lógica de exclusión. Eso si sólo vemos el tema “pandillas”. Visto desde el punto de vista de la violencia, ésta está vinculad a estructuras históricas que han construido una cultura de la violencia que compartimos todas y todos. Y eso, no es coyuntural… no es de “ahorita no más”.

¿Quinto? Cuatro comentarios puntuales son suficientes en cuanto a lo vertido en la entrevista y que me estalló a la vista. Falta que nos enteremos cuál es la agenda, el proceso y los actores… a ver qué tan transparente será el asunto o habrá negociaciones a la sombra… Por cierto, eso fue el principal reclamo al proceso de la tregua.

Contribución de Luis Monterrosa (lmonterrosa@uca.edu.sv)

jueves, 16 de febrero de 2017

La violencia como tragedia

Resultado de imagen para violence shameEste febrero de 2017 ha retornado a mis manos un ejemplar de un texto clave. “Violence: reflections on a national epidemics” de James Gilligan (Vintage, 1997) cumplió 20 años de publicado y mi encuentro con el texto fue en el año 2000. Ahí nos lanzamos a publicar  o más reproducir dos capítulos traducidos con el meollo de su teoría de la violencia (podés encontrar los textos aquí).
El ejemplar que conocí desapareció junto con la extinta Yek Ineme, una ONG pionera en peacebuilding y conflict resolution. Recuerdo que el texto me apabulló y lo devoré un muy pocos días, impactado por los testimonios esclarecedores de la teoría de la causalidad que presenta el autor. Frente a diversos modelos multicausales (que no es lo mismo que multidimensional o multifactorial) Gilligan establece que la causa de la violencia reside en una emoción: la humillación abrumadora. 
Esta causa-raíz, por supuesto, se desliza entre diversos factores de riesgo. Pero los factores no son causa, son factores de riesgo. Consumo de bebidas alcohólicas, familias “disfuncionales” (me parece inadecuado ese término), el ocio (que tanto facilita a funcionarios gubernamentales y técnicos de ONG hablar como causa de la violencia juvenil) o la pobreza, son factores de riesgo, pero no causa. Así mismo, de acuerdo con la visión epidemiológica del autor, hay dos vectores de propagación de la humillación en tanto germen de la violencia: el sistema jurídico – penal / carcelario, que insiste una y otra vez en el castigo como respuesta ante la conducta inadecuada y el sistema económico – social que divide el mundo entre ganadores y perdedores…  El castigo no es sólo una forma de violencia, sino sobre todo una de las formas más humillantes de violencia; de ahí que entre más punitiva sea una sociedad, más violenta sea (esto es El Salvador). Al mismo tiempo, una sociedad excluyente que perversamente desecha a su gente porque no convive con el éxito y la fama en sus diversas formas, se convierte en el mejor almácigo para la violencia (en palabras de David Escobar Galindo).
De aquí se desprende un principio fundamental: todo lo que produce la humillación, promueve la violencia; todo lo que produce dignificación, es prevención de la violencia. Aquí tenemos ya un principio de evaluación de programas, políticas y proyectos de prevención de la violencia. Este es el punto fundamental: no cualquier cosa previene la violencia. ¿Los talleres artístico – culturales o el deporte previenen la violencia? En principio, no. Entretienen. Esto sólo tiene sentido si uno cree que el ocio es causa de la violencia, porque entonces la apuesta es por el entretenimiento. Pero si la causa de la violencia es otra, si trabajamos con una teoría alternativa, pués fácilmente resulta que no estamos siendo efectivos con inversiones millonarias en arte, cultura y deporte. Entiéndase: debe promoverse el arte, la cultura y el deporte, pero debe tenerse claro que no se es efectivo en prevención de la violencia, simplemente porque no se atiende la causa.
Pero la re-lectura del texto de Gilligan me ha hecho recuperar cosas e ideas. Una de estas es la de la violencia como tragedia. Esta es la manera como Gilligan titula su prólogo. Estamos acostumbrados a dividir el mundo entre criminales y ciudadanos, entre víctimas y ofensores. Así es en el tema de la violencia. Pero en realidad, la violencia es una tragedia, tanto para la víctima como para el ofensor. Pueda que sea obvio la dimensión trágica para la víctima y mucho menos obvio lo trágico para el ofensor. Pero en realidad, el ofensor, las más de las veces, no es más que una víctima del pasado. Sea porque convivió con un padre (o una madre) violento y humillante, porque ahí aprendió el mecanismo de la violencia como instrumento de resolución de conflictos; porque enfrentó humillaciones, el famoso bullying que se dice ahora, en la calle y en la escuela, terminando por abandonar la escuela y luego por no encontrar trabajo para convertirse en parte de la etiqueta humillante del mundo de los NINIs (UNICEF: ¿se dan cuenta de lo humillante de la categoría?). La violencia aparece así como un medio para restituirse, inadecuadamente, un poco de orgullo, frente al fracaso, la vejación y la trituración de la dignidad.
De acuerdo si no quiere hacer el esfuerzo de pensar  críticamente sobre la violencia. Pero de Immanuel Kant ya invitaba, a propósito de la Ilustración: ¡Sapere aude! (¡Atrévase a pensar!). Necesitamos seguir pensando no sólo de otro modo, sino críticamente, el problema de la violencia y el resto de problemas graves que tenemos.

contribución de Patricio Schweinsteiger Solis (p.schweinsteiger.solis@gmail.com)