viernes, 13 de enero de 2017

16 de enero: 25 años de los acuerdos del 92

Resultado de imagen para acuerdos paz salvadorEl próximo lunes 16 de enero El Salvador celebra 25 años de los acuerdos del 92 y del fin oficial de la guerra civil, normalmente conocidos como “acuerdos de paz”. Evito usar este último término porque 1992 no fue precisamente el inicio de un período de paz, sino de fin de la guerra. Posguerra propiamente dicho. Nuestra condición económica – política y social nos muestras que no necesariamente vivimos “en paz”. Corresponde esta visión a la clásica distinción entre “paz negativa” (no hay guerra) y “paz positiva” (no hay guerra y hay mayor justicia y reconciliación).
Diversas voces se han hecho escuchar estos días colándose dos extremos. Están los que a campanazo limpio se deshacen en elogios por la paz, la convivencia, la fraternidad, el ser todos uno, la felicidad plena, etc. En el otro extremo están los que les parece un error, una exageración y casi ofensivo celebrar el 16 de enero. Por supuesto, ambos extremos deben evitarse.
Deben reconocerse las transformaciones acometidas y las deudas pendientes. Efectivamente el país no es el mismo desde 1992, si bien es cierto, seguimos padeciendo ciertos males estructurales (el “mal común” que diría Ellacuría en contraposición al “bien común”) como deuda pendiente en la transformación del país según los intereses de las mayorías populares.
Con los acuerdos del 92, la Fuerza Armada redefinió su papel y desaparecieron los cuerpos represivos de seguridad (Policía, Guardia y Hacienda) y los batallones élite contrainsurgentes. Eso es un cambio sustantivo. Claro, preocupa el acercamiento del Ejército a la seguridad pública, que la Policía Nacional Civil a veces no sea tan “civil” como debería ser y que convivamos con estrategias represivas – manoduristas que deberíamos tener claro que deberían ser desterradas por su talante típico productor de terror y por ser ineficaz para abordar problemas sociales.
Políticamente se ensanchó el espectro político. Desde los años, en que participó el Partido Comunista en unas elecciones, la izquierda no sólo estaba formalmente vetada en su existencia, sino también estaba reprimido todo tipo de oposición (aquellos tiempos en que el PDC era subversivo) y las elecciones no eran más que un ejercicio fraudulento. Ahora el FMLN gobierna el país (hago notar que no digo “la izquierda”, no porque no crea que lo sea; no voy a evaluar eso ahora, sino porque creo que también hay otras expresiones de izquierda). Eso es un logro. Claro, es lamentable que la política se reduzca a la comodidad de los intereses de cúpulas partidarias (de izquierda o de derecha) y que no prevalezcan los intereses de las mayorías populares.
También se reformaron instituciones y apareció la Procuraduría de Derechos Humanos con lo cual parecíamos acercarnos siquiera algunos milímetros al respecto incondicional de los derechos humanos, la dignidad de las personas y la memoria de tantas vidas perdidas. Pero recordamos que tras el Informe de la Comisión de la Verdad, se engavetaron las propuestas (¿dónde está el día para la memoria y la  reconciliación?, de modo que nos recuerde constantemente “Nunca más”) y la ley de Amnistía… sí, ésta finalmente fue declarada inconstitucional en 2016, pero ya vemos que después de ciertos gritos de alarma, no ha pasado nada.
 Por tanto, debemos reconocer la avances y transformaciones acaecidas, pero al mismo tiempo las deudas pendientes. No es posible que se dispare tanta victimización empresarial por el aumento del salario mínimo. Seguimos sin reconocer la deuda que tenemos con las mayorías populares. En parte el estancamiento sobre temas clave quizá tiene que ver con el hecho que aquellos firmantes de un lado u otro, siguen tomando decisiones políticas pactadas pensando más en sus intereses político – gremiales que pensando en los intereses y necesidades de las grandes mayorías. Una buena manera de comenzar  un nuevo período de 25 años sea la des-elitización de la política (la partidocracia que dicen algunos)  y generar nuevos movimientos desde abajo.

Contribución de Luis Monterrosa (lmonterrosa@uca.edu.sv)

viernes, 30 de diciembre de 2016

Construcción de paz: perspectivas



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El Cuarto Estado (Giuseppe Pelizza da Volpedo)

El punto de partida

Si partimos de la paz como relaciones justas de cooperación (A. Curle) y los tres elementos claves de cultura de paz (UNESCO), podemos enumerar algunos retos clave que tipifican la realidad nacional en términos de la problemática de la paz y la violencia.

1. La nuestra es una sociedad polarizada
2. Problema crónico de la violencia, vinculación con mecanismos subjetivos y estructurales que han hecho de la violencia un modo de responder como mecanismos de procuración de justicia para ganarse respeto, un respeto que no se ha tenido.
3.      Configura una cultura de la violencia que asume que la mejor manera de resolver la conflictividad es por medio de la violencia, dejando de lado los mecanismos de diálogo.
En términos inmediatos, la vorágine de la violencia nos presenta la necesidad de:

1. Buscar alternativas eficaces al abordaje de la violencia (no sólo de la delincuencia)
2.  Desarrollar medidas que garanticen una mejora en la percepción de la seguridad de parte de la población
3.  Des-estigmatizar ideas, instrumentos y personas que permitan la discusión de la problemática nacional y territorial
En términos de largo plazo, partiendo de la problemática antes enumerada, podemos situarnos en la perspectiva de:

1. Construir una sociedad menos polarizada, más abierta a las diferencias y la diversidad
2. Fortalecer el desarrollo de estrategias efectivas para la  prevención de la violencia
3. Contribuir con la construcción de mecanismos propios de la cultura de paz abordando los conflictos desde la raíz, ayudando a renunciar a la violencia y promoviendo el diálogo.


¿Qué hacer?

Podemos determinar tres tareas estratégicas a partir de la situación identificada, pensando al mismo tiempo en el corto y largo plazo entendiendo que se intenta dar respuesta a las urgencias, pero también impulsar acciones cuyo efectos no son inmediatos o bien su impacto está encadenado a otras acciones y acontecimientos.

Tres áreas han sido delimitadas (sin ánimo de ser exhaustivos):

a.  Impulsar diálogo en diversos niveles y ámbitos como medida fundamental de construcción de cultura de paz y mecanismo de fortalecimiento de procesos en términos de sostenibilidad y medida de despolarización
b.  El fortalecimiento de una experiencia territorial de prevención de la violencia y construcción de paz (a veces separamos las cosas) teniendo en cuenta tres taras:
     (a)   limitada comprensión de la violencia para prevenirla efectivamente (se suele implementar por ejemplo programas deportivos bajo el supuesto que ocio es causa de la violencia)
     (b)   Débil coordinación e integración territorial entre actores territoriales que disminuye el impacto de la acción
     (c)    Indicadores idóneos para cotejar los procesos de transformación
c. El fortalecimiento de los espacios comunitarios y sus actores locales que garantice la efectiva participación en la búsqueda de soluciones a sus problemas inmediatos y estratégicos.

Contribución de Patricio Schweinsteiger Solis (p.schweinsteiger.solis@gmail.com)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Maras, el colegio y Puente Belice





Archivo:Bridge to Zone One.jpgPresentamos brevemente un artículo publicado Revista Diakonía, (septiembre 2005). La experiencia de la comunidad Puente Belice es un referente en la construcción de cultura de paz, una vivencia desde la cual se pueden construir alternativas para la juventud. Cuando hace veinte años llegó a la comunidad el P. Manolo Maqueira le movía el interés de la vida de las y los jóvenes, viviendo una realidad marcada por la violencia.
La pertinencia de la experiencia que se presenta ahora se encuentra en varios ámbitos. Primero, y muy importante, es la lectura que se hace de la violencia como expresión que resulta de una experiencia de humillación, de deshumanización al volverse recurrente, y que destruye la autoestima de la joven o del joven. La realidad encontrada es, pues, de una similitud impresionante.
Segundo, la alternativa construida:“… alternativa de dignidad, de autoestima, de sentirse querido y querer a los demás…”. Todo el abordaje realizado debe tenerse en cuenta en las experiencias de construcción de paz en nuestro entorno.
Tercero, los resultados, el artículo es del 2005, a nueve años de la llegada de Manolo Maqueira la comunidad Puente Belice, con tres años de proyecto educativo. Y los logros provocan por su modesta consistencia, resaltando la incorporación activa de las y los jóvenes en la gestión de la experiencia. Y el resultado evidente es que a once años de la publicación del artículo el proyecto educativo Puente Belice está ahí, en su comunidad.
Cuarto, la alternativa en marcha, un proyecto educativo – laboral se plantea como viable para ser replicada y ampliada, y aquí cabe el horizonte de la juventud de Centroamérica.
Quinto, la necesidad, las alternativas implementadas actualmente se enfocan en la represión y el castigo, existe un vacío de alternativas que abran el camino a una sociedad inclusiva, de tender la mano a la juventud para que se inserte en la sociedad, como lo han hecho las jóvenes y los jóvenes de la comunidad Puente Belice en Guatemala.
En síntesis, el artículo plantea una alternativa construida y en marcha, que ha ido a las causas, ha asumido retos y en las que las dificultades no están exentas. Pero tiene la solidez del camino andado.
                                   Contribución de Francisco Javier Ignacio Martínez (javiertinez@gmail.com)
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